lunes, 10 de mayo de 2010

"La Aventura de ser maestro" por José M. Esteve (Lectura comentada)


La aventura de ser maestro

José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos.
[GFT1] Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas.
[GFT2] Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos. Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea
[GFT3] . Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar[GFT4] .
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos...
[GFT5] “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad
[GFT6] . Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error
[GFT7] , uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.[GFT8]
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es
la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos.[GFT9] Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales
[GFT10] ; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc.
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces,
el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal.[GFT11] Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
[GFT12]
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos
[GFT13] . Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
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MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.

[GFT1]Quizá el primer paso importante para convertirse en un buen docente sea el adquirir la libertad de ser profesor.

[GFT2]Favorecer procesos relacionados con la inteligencia emocional para optimizar el aprendizaje.

[GFT3]Meta primordial de un buen maestro.

[GFT4]Primera tarea a realizar para fomentar el aprendizaje en modo constructivista.

[GFT5]La única forma de generar un aprendizaje constructivista es manteniéndose actualizado pues el mundo que nos rodea cambia constantemente.

[GFT6]Por eso recurre al empirismo.

[GFT7]Método empírico para acercarse al ideal.

[GFT8]Para abandonar el empirismo el docente debe profesionalizar su labor.

[GFT9]Un signo de que hemos alcanzado nuestra identidad profesional como docentes será el que seamos plenamente conscientes de esto.

[GFT10]Desempeñar con eficiencia y oportunidad los papeles de comunicador, escucha y escucha empático.

[GFT11]El buen profesor debe convertirse en un buen líder operativo.

[GFT12]Recordar la meta prioritaria de todo buen profesor.

[GFT13]Pensamiento con el que deberíamos comenzar cada día de clases o mejor aún, cada clase.

domingo, 9 de mayo de 2010

Mi encuentro con la docencia

Espero la lectura de esta nueva entrada, no resulte tediosa por la cantidad de letra impresa utilizada y si suficientemente clara y reveladora de mis periplos en la docencia con todo y sus tribulaciones cotidianas.

Ya he mencionado anteriormente que soy Biólogo de profesión egresado de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. He de mencionar, además, que justamente fue en el nivel medio superior en donde me decidí a estudiar esta carrera, convencido de que ninguna otra, lograría satisfacer mi creciente curiosidad sobre el mundo viviente y sus fenómenos. Fue la clase de biología de la maestra Irene Quiroz Armenta, en quinto año de preparatoria, la que me abrió las puertas de acceso a una gran cantidad de conocimientos que además de asombrarme me gustaban.

No sólo quería estudiar biología si no que quería hacerlo en la UNAM. Cuando de niño me llevaban a jugar en los jardines de la Ciudad Universitaria y me decían –“algún día tu estudiarás aquí”- me parecía un sueño inalcanzable el poderme integrar a una escuela tan grande y tan bella. Por eso, cuando gracias a mi promedio, obtuve el pase automático y fui aceptado en la Facultad de Ciencias de la UNAM mi corazón se lleno de un gozo enorme con sabor a gran triunfo y de un, no menos grande, primer orgullo “puma”. En la facultad viví experiencias formidables que me confirmaron la vocación por y para la carrera y al final de ella, ya como pasante, busqué trabajo mientras me titulaba. Lo primero que llegó fue una plaza interina como ayudante de laboratorio en una secundaria (1987), luego una corta serie de trabajos en cualquier cosa sin vínculo directo con mis estudios, hasta que me llegó la oportunidad de ingresar a la Secretaría de Marina que estaba solicitando biólogos para sus oficinas desconcentradas en las costas de nuestro país (1990). Ahí tuve mi primer contacto con la docencia de manera indirecta, pues una de mis funciones consistía en impartir pláticas de concientización ecológica a niños de diferentes niveles de educación básica y media, lo cual derivó en la fundación de un club ecologista infantil en la ciudad de Guaymas Sonora (1992).

Después de cinco años de trabajo arduo, aleccionador e itinerante en la Marina, resolví regresar a la ciudad de México a probar fortuna en mi tierra natal. Así fue como después de batallarle un rato se me presentó la oportunidad de entrar a trabajar como responsable del área de laboratorios en el plantel 4 del Colegio de Bachilleres (1995), en donde después de algún tiempo me fui apropiando de horas clase. Hoy en día conservo mis horas clase y una plaza de base como laboratorista en el mismo plantel. Mi experiencia como docente me ha llevado a obtener más horas clase en dos escuelas particulares de esta ciudad: el Colegio del Valle de México (2000) y el Colegio Sócrates (2000). Mi movimiento entre las dos vertientes de la educación en México, la pública y la privada, me ha dado una muy amplia perspectiva de mi ámbito de trabajo y ha logrado desarrollar en mi, en estos casi catorce años, un gusto particular por mis labores docentes. En resumen, llegué a la docencia no por desearlo como prioridad, si no más bien como el resultado de los caminos y las decisiones que he tomado en la vida.

Hoy pienso y siento que ser profesor es una de las profesiones más nobles en este mundo pues colma de satisfacciones a quien la desempeña, muchas veces, muy lejos de las ganancias económicas que deberían redituarle tantas horas dedicadas a la formación de vidas provechosas. Tomando como modelo a mi ya mencionada y querida profesora de biología de preparatoria, estoy plenamente convencido que los docentes a nivel medio superior jugamos un papel importantísimo como “reclutadores” de futuros profesionales en todas las áreas del quehacer humano, pues en la medida que logramos transmitir el interés, el gusto ó, a veces, la pasión por lo que hacemos, lo que somos y lo que somos capaces de lograr; nos constituimos en ejemplo siempre presente para nuestros estudiantes, en cuyas mentes, tal vez, sembramos la semilla de la curiosidad por acceder a conocimientos mayores en la educación superior. Nuestra responsabilidad, en este sentido, es enorme, pues quizá con nuestro trabajo estamos rescatando el futuro científico, tecnológico y cultural de nuestro país, que desde hace muchos años necesita de un repunte notable en cuanto a educación se refiere.

Creo que algunas de las satisfacciones mas grandes que he tenido desempeñando este trabajo han sido en el sentido de haber ayudado a mas de un estudiante a encontrar su vocación o su carrera, haber trabajado como profesor sustituto sin paga por mas de dos meses pues mis alumnos no querían de regreso al titular, hicieron una carta dirigida al director y el me lo dejó a mi criterio; seguí impartiendo clases y el titular cobrando. Aún hoy conservo amistad y contacto con alumnos de ese grupo. Alentar a grupos a desarrollar actividades de protesta no agresivas para mejorar su condición académica o de vida en los planteles y obtener siempre buenos resultados. Más recientemente he iniciado una especie de movimiento para formar una comunidad virtual o red social con todos mis exalumnos con una muy buena respuesta de la mayoría. La finalidad: ponernos en contacto para apoyarnos mutuamente en la realización de actividades culturales o de mejora de nuestra calidad de ambiente y vida.

Las principales fuentes de insatisfacción que reconozco son, por ejemplo, la frustración que experimento cuando con algún grupo no funcionan los métodos que yo creía ya probados como exitosos para la motivación y el aprendizaje, la impotencia para hacer cambiar de opinión a quienes se oponen y tienen el poder para impedir la implementación de nuevas ideas con respecto a cambiar esquemas de acción en los planteles educativos (que ojalá ayude a resolver la reforma y nuestro trabajo). La falta de comunicación y consenso entre las diferentes academias e incluso en la propia, en cuanto a puntos importantes concernientes a la educación de los estudiantes. La falta de tiempo para el análisis y la planeación de nuevas estrategias didácticas por los excesivos requerimientos de evaluación tradicional que muchas veces no revelan el verdadero nivel de aprendizaje de los alumnos. Las carencias en infraestructura en la educación pública que retrasan o de plano hacen inviable la aplicación de alguna estrategia o técnica didáctica. Hoy que escribo esto, reconozco que por la falta de tiempo para la planeación, muchas veces recurro a mis viejas estrategias, pues como ya están hechas y “probadas” se convierten en mi mejor recurso.

Un día típico transcurre entre las diferentes escuelas en las que trabajo. Las clases las imparto por la mañana desde las 07:00 hasta las 15:00 horas. Ya por la tarde a partir de las 16:00 horas me presento a cubrir mi plaza de laboratorista hasta las 22:00 horas. Siempre procuro tener mis planes de clase listos para cada una de las sesiones buscando la mejor manera de comunicar y hacer entender los contenidos específicos del tema que nos ocupe, aunque como ya he referido antes, la falta de tiempo, sobre todo en época de evaluaciones, no me permite la puesta en marcha de procesos mas creativos. En clase procuro ser abierto y flexible, aunque he de reconocer que a veces llego a exasperarme cuando las condiciones en el grupo se presentan desfavorables para completar los objetivos que me he planteado para esa sesión. Procuro variar las técnicas de enseñanza-aprendizaje y las herramientas o instrumentos facilitadores y recientemente he empezado a aplicar estrategias que involucran el uso de las TIC’s. Estoy plenamente consciente de que la forma de educar ha evolucionado al igual que muchas cosas en este mundo, pues son muy diferentes a las que yo conocí en mis tiempos de estudiante, por eso, hoy más que nunca creo en aquella frase que reza: “actualizarse ó morir”,... ó, con una sentencia menos drástica, ostentar la etiqueta de “obsoleto”.

Mi aventura de ser docente

Haciendo remembranza de nuestros escritos realizados en el módulo 1 de la Especialidad en Competencias Docentes para la Educación Media Superior, les comparto mi visión de “La aventura de ser maestro”, con los puntos que siento que pueden curar mi malestar docente, básicamente identificado por mi como la exasperación por no lograr objetivos y la falta de apoyo e infraestructura para realizar mi labor

Creo que el concepto más importante que extraigo de la lectura del documento de José M. Esteve es el de la “libertad de ser profesor”, pues de alguna u otra manera, más tarde ó más temprano, los profesores alcanzamos esta condición, pero siento que en la mayoría de nosotros esto sucede sin darnos cuenta. Cuando logramos apartarnos del rigor de la exposición de los contenidos y nos convertimos en auténticos buscadores y operadores de soluciones, innovaciones, estrategias, etc., es cuando realmente comenzamos a disfrutar de esta aventura de ser maestro.

Sólo en esta condición de extrema libertad para ejercer, podríamos entender la definición proveniente de Giner de los Ríos, recopilada por Esteve, acerca del magisterio: “El maestro está dedicado a pensar y sentir y a hacer pensar y sentir””, ó como lo dice mas adelante el mismo texto: en un maestro de humanidad lo que realmente importa es ayudar a los estudiantes a comprenderse a si mismos y a entender el mundo que les rodea. Esto modifica sustancialmente mi modo de percibir la docencia pues, desde esta perspectiva, este debe ser el objetivo general ó fundamental de cualquier asignatura, antes que el de la comprensión de tal o cual concepto, teoría, fórmula, etc. Si llegamos al fondo de lo que significa realmente lograr esto con los alumnos creo que podríamos empezar a dejar de preocuparnos por la simple transmisión del conocimiento y por la forma en que los estudiantes lo asimilan.

Se dice que una de las cosas mas importantes en la existencia es darse cuenta de que la vida es servicio. Curiosamente la forma de darnos cuenta de que hemos alcanzado la libertad de ser profesores será cuando seamos plenamente conscientes de que estamos al servicio del aprendizaje de los alumnos y aceptemos, por fin, que el magisterio no es un escaparate para el lucimiento personal sino una oportunidad de guiar a otros en el conocimiento de los grandes logros de la humanidad y de advertirles sobre los grandes fracasos colectivos.

También la vida enseña que cuando somos libres, somos felices; otro punto muy rescatable de lo referido por Esteve en el documento. La alegría con la que emprendamos día con día nuestra labor en un clima de libertad y con la más alta meta de convertirnos en maestros de humanidad se convertirá en la fuente primaria de satisfacciones y de búsqueda de soluciones para nuestros principales conflictos cotidianos. Si a todo esto le agregamos las herramientas con las que nos ha dotado nuestra experiencia en el ensayo y error y le sumamos nuestra permanente hambre de actualización y profesionalización, podremos afirmar sin lugar a dudas que estamos en camino de convertirnos en docentes de excelencia.

Mi forma de percibir la docencia se renueva porque me doy cuenta de que la nobleza que yo le atribuía es todavía mas noble (si es que esto puede ser posible) y que los compromisos y las responsabilidades son mas grandes.

Quizá no me había dado tiempo para reflexionar acerca del orgullo de ser maestro, así que me he propuesto empezar mis clases diarias pensando en una frase que tomo de la última parte del documento de Esteve que dice: “Me siento heredero de treinta siglos de cultura y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos”.

Los saberes de mis estudiantes

Hola. Bienvenid@s a este espacio de intercambio en donde les doy a conocer en esta primera entrega: “Los saberes de mis estudiantes”.

Para tener una visión panorámica de lo que saben hacer los estudiantes en la internet y vislumbrar cuales son los usos que le dan a los recursos de la red, elaboré un pequeño cuestionario-encuesta con la siguiente estructura:

1.- ¿Cuánto tiempo le dedicas a la Internet en una semana?

a) Todos los días de la semana.

b) De 3 a 5 días

c) De 1 a 3 días

d) Ningún día

2.- ¿Cuánto tiempo por día le dedicas a estar en la red?

a) Más de 5 horas

b) De 3 a 5 horas

c) De 1 a 3 horas

d) Menos de 1 hora.

3.- ¿Para que ocupas la mayor parte de tu tiempo en la red?

a) Buscar información para trabajos escolares.

b) Buscar información interesante para mi.

c) Bajar música, fotos, videos.

d) Para comunicación (Salas de chat, mensajes en tiempo real, revisión de correo electrónico.)

e) Para navegar en redes sociales (Facebook, Hi5, Sonico, Tagged, Badoo, Etc.)

f) Para jugar en línea.

g) Para otras actividades. Menciona cuales:_____________________________________________________________.

4.- Menciona algo que hayas aprendido a hacer en internet.

5.- Menciona algo que podrías enseñarle al grupo o al profesor que hayas descubierto en la red.

6.- ¿Crees que lo que sabes hacer en la internet te podría servir para este curso? ¿Por qué? ¿Cómo lo aplicarías?

La encuesta se aplicó a una muestra de 70 estudiantes y los resultados me han dado la pauta para poder conocer que es lo que hacen los alumnos en la red, con la finalidad de aprovechar esos conocimientos para la construcción de la estrategia que permita ampliar el horizonte de logros académicos en el curso.

A continuación muestro los resultados de las encuestas aplicadas

GRÁFICA 1

La barra de mayor altura es la que corresponde al tiempo de 1 a 3 días de la semana conectados a Internet

GRÁFICA 2

La barra de mayor altura es la que corresponde al tiempo de estancia en Internet de 1 a 3 horas al día

GRÁFICA 3

Las barra de mayor altura es la que corresponde a la actividad de búsqueda de información para la realización de trabajos escolares, pero también destacan las barras casi de la misma altura, que representan las actividades de comunicaciones en tiempo real y de navegación en redes sociales.

Con respecto a las tres últimas preguntas, las respuestas permitieron identificar las principales actividades que los alumnos realizan mientras están conectados a internet, así como las formas en las que los estudiantes creen que podrían incorporar sus habilidades de manejo de la red en beneficio de sus actividades académicas.

4.- ¿Qué has aprendido a hacer en Internet?

Las cinco actividades que más mencionaron los estudiantes como aprendidas en la red fueron:

1.- Diseño de páginas Web.

2.- Búsqueda de información diversa para fines académicos y por intereses personales.

3.- Bajar música, videos, fotografías.

4.- Descargar e instalar programas útiles o de interés personal.

5.- Edición de fotografías.

Aunque también se mencionaron las siguientes actividades:

1.- Solucionar problemas técnicos de la computadora.

2.- Aprender idiomas.

3.- Buscar trabajo.

4.- Mejorar habilidades en el manejo de programas.

5.- Traducción de textos.

6.- Aprender a tocar guitarra.

7.- Cursos para fabricación de objetos.

5.- ¿Qué has aprendido a hacer en la red que crees que podrías enseñarle al grupo ó al profesor?

Las actividades que más mencionaron los estudiantes fueron:

1.- Buscar información sobre temas específicos.

2.- Darle mejor presentación a los trabajos escolares.

3.- Compartir direcciones para descargar programas útiles.

4.- Establecer comunicación con otras personas a través de las redes sociales.

Aunque también se mencionaron las siguientes actividades:

1.- Bajar videojuegos.

2.- Distinguir entre información valiosa y no fidedigna en páginas web.

3.- Historia de la moda.

4.- Reconocimiento de géneros de música del mundo.

5.- Conocimiento de sitios donde actualizar noticias mundiales.

6.- Conocimiento de sitios con tutoriales para el uso y manejo de programas.

7.- Compartir información sobre elaboración de comidas y bebidas.

8.- Sitios en donde se pueden editar fotos, participar en juegos, aplicaciones, eventos, etc; ó donde se pueden descargar videos sobre temas útiles, música diversa, etc.

9.- Obtener información sobre historia universal.

10.- Mejorar el desempeño en programas de uso común como la paquetería de Office.

11.- Lo que los estudiantes llaman: Hackear.

12.- Crear grupos de trabajo.

13.- Búsqueda y establecimiento de comunicación con otras personas.

14.- Elaboración de códigos para usuarios de redes sociales.

15.- Descargar e instalar programas.

6.- ¿Crees que algo de lo que sabes hacer en internet te podría servir en este curso? ¿Por qué? ¿Cómo lo aplicarías?.

La mayoría de los estudiantes piensa que sus habilidades para realizar búsquedas en Internet sobre temas específicos les ayudarían en la elaboración de mejores trabajos y tareas. Aunque también mencionaron otro tipo de aplicaciones tales como:

1.- Mejorar el manejo de programas, tales como los que se incluyen en la paquetería de Office.

2.- Conocer la opinión de expertos o profesionales en algún tema específico.

3.- Fomentar la cultura y la buena relación con los demás a través de una mayor y mejor comunicación.

4.- Fomentar el interés de la gente sobre algún tema interesante.

5.- Hacer las cosas más fácil y rápido, ejemplos: exposiciones con mayores y mejores instrumentos didácticos, envío de tareas y trabajos escolares.

6.- Búsqueda de información sobre temas comunes en otros lugares del planeta.

7.- Ayudar con el manejo racional de los recursos naturales, ahorrando papel en la elaboración y envío de tareas y trabajos escolares.

8.- Conseguir un mejor empleo y actualizarse en el campo de la tecnología.

Conclusiones.

De las respuestas anteriores y de los observado en las gráficas se concluye que los alumnos pasan una buena parte del tiempo de la semana conectados a la red y que gran parte de ese tiempo lo utilizan para realizar trabajos escolares, sin embargo, otra de las actividades que resalta en la gráfica 3, así como en las respuestas a las preguntas 4, 5 y 6 es la del establecimiento de la comunicación con otras personas. También se pone de manifiesto en las respuestas de los jóvenes, que existe una gran multiplicidad de cosas a las que se dedican en la red, pero en tal diversidad subyace, en muchas de las actividades, el deseo por aprender a hacer cosas nuevas, por ejemplo; aprender idiomas, tocar un instrumento, conocer nuevos programas y utilidades informáticas, etc. Pareciera que contrario a lo que se esperaría, la navegación de los jóvenes en la red mundial no está orientada sólo al ocio, si no que existen aspectos muy rescatables tales como los que se mencionan en la respuesta a la última pregunta, en donde se pudieron apreciar los diferentes enfoques que se tomaron en cuenta para el diseño conjunto de la estrategia. Destacan las ideas sobre hacer las cosas mejor, más fácil y rápido, el sentido conservacionista que se desprende del ahorro de papel en tareas y trabajos escolares y el fomento de la cultura y la buena relación interpersonal. Otro punto importante que se tomó en cuenta para el diseño fue el mostrado por el andamio “Usos de Internet”, en donde, una vez separadas las actividades; es notoria la preferencia del uso de la red por los estudiantes para “hacer” más que para “consultar”. De manera que pudimos establecer que los alumnos pueden enseñarnos a los profesores las mejores y mas eficientes formas de intercambio de información usando las nuevas vías de comunicación que proporciona la red, pero también los docentes podemos contribuir mostrándole a los estudiantes la mejor manera de consultar los medios de la Internet, con el fin de que realmente se aseguren de estar adquiriendo información relevante y fidedigna que pueda ayudarles a lograr esa mejora sensible en los productos que día con día se les solicitan en la escuela.

La estrategia.

Se propuso entonces la creación de un grupo virtual en el que los alumnos de los diferentes grupos puedan:

1.- Encontrar los mejores medios para lograr metas comunes encaminadas a mejorar su desempeño académico, utilizando los recursos del aprendizaje por proyectos, con el fin de fomentar más el “aprender haciendo” y “compartiendo” (retomando el concepto de ética “hacker”).

2.- Comunicarse de manera efectiva con todos los miembros del grupo, incluido el profesor.

3.- Contar con un medio alterno, eficiente y de fácil acceso para la entrega de tareas y trabajos escolares.

4.- Poder recuperar actividades realizadas en el curso cuando los alumnos no pueden asistir a clases por causas de fuerza mayor justificadas.

Las evidencias de estos saberes compartidos serán los resultados que cumplan con los requisitos de las rúbricas de evaluación que se diseñen para cada instrumento ó proyecto, la eficiencia en la entrega de tareas y trabajos que se puede medir directamente por los datos de fechas y horas de entrega vía correo electrónico y las evaluaciones extemporáneas que se realicen a estudiantes que por causas ajenas a su voluntad hubiesen perdido clases y actividades, estas representarían uno de los mejores medios para recuperar contenidos por parte de aquellas personas en tal situación.